Viaje a Revillagigedo y La Paz 2.010

Reconozco que el llegar a Baja California unos cuantos días antes de que comenzase nuestra singladura por el archipiélago de Revillagigedo no era tanto un verdadero entusiasmo por bucear en el Mar de Cortés como que, en caso de que me perdieran el equipaje (como ya me ocurrió la vez anterior) tuviera  tiempo suficiente para recuperarlo o, en su defecto, a hacerme con el equipo necesario como para poder bucear.

Mis pensamientos más negativos no se llegaron a cumplir del todo y aunque es verdad que me perdieron una de las maletas, todo lo relacionado con la fotografía y el buceo lo tenía conmigo. Otros corrieron  peor suerte y,  algunos de los que llegaban vía Madrid, se vieron sin su equipamiento de buceo hasta que la compañía de aviación lo depositó en el hotel un día después. 

Con todo,  el buceo  el Mar de Cortes me sorprendió gratamente y superó con creces mis expectativas. Tener en tres días la oportunidad de bucear con los leones marinos, nadar con el tiburón ballena y visitar los pecios del Salvatierra y el Fang Ming era más de lo que esperaba. Aunque febrero no parece ser la mejor época para practicar el submarinismo en esta zona, lo cierto es que la climatología fue benigna y nos permitió durante tres días disfrutar de las inmersiones en lugares próximos a La Paz.

  

Después de cuatro días en esta ciudad y en la que prácticamente el grupo  se había completado a lo largo de los días,  emprendimos un viaje de unas tres horas hacia Cabo San Lucas.   El camino se hace por carreteras que atraviesan un desierto de cactus y arbustos que recuerda a aquellas películas de vaqueros ambientadas en los límites de los EEUU y México. En esta ruta    pasamos por la población de Todos los Santos, donde se encuentra el célebre Hotel California que el grupo Eagles inmortalizara en una canción del mismo nombre en aquellos años de plena efervescencia Hippie.

El 24 de Febrero, y ya en Cabo San Lucas, se incorporan Iñaki  (al que ya encontramos en el barco) y  Ramón, que será la última persona  en hacerlo y que llega esa misma mañana de España vía New York. Lo ajustado de los enlaces unido seguramente al celo de las autoridades americanas han hecho  que el equipaje de Ramón se haya extraviado, por lo que antes de zarpar,  es necesario que consiga el equipamiento necesario, lo que consigue a lo largo de la mañana gracias a la gestión y ayuda de Fernando Aguilera del club Cantamar. Poco después del medio día nos hacemos a la mar y ponemos rumbo al archipielago de Revillagigedo.

El punto donde arribamos 24 horas más tarde es San Benedicto, una isla deshabitada de origen volcánico de 4,8 Km de largo por 2,4 de ancho y que dista unas 200 millas desde Cabo San Lucas. En los dos días que estaremos aquí se harán 7 inmersiones repartidas entre dos puntos llamados El Cañon y El Boiler. El primer punto se sitúa al Sur de la isla, en el borde Este de una ensenada. Se trata de un  rosario de pináculos y cerros submarinos formados por una lengua de lava volcánica (la última erupción del volcán Bárcena se produjo en 1953). La profundidad varía desde los  8 hasta los 35 metros, precipitándose en el abismo por su borde Este. En su parte menos profunda hay una estación de limpieza utilizada por las  mantas (Manta Birostris)  y otra por los tiburones martillos (Sphyrna Zygaena) en la zona más profunda. Cuando la corriente es propicia es habitual ver escuelas de  martillos en el azul.

   

 El Boiler está formado por dos pináculos sumergidos. El mayor es de forma oval y tiene unos cuarenta metros de largo por 20 de ancho, mientras que sus pareces verticales se sumergen desde los 6 hasta los 35-40 metros. El otro es una “aguja” de dimensiones mucho más reducidas cuya parte más próxima a superficie se encuentra a 21 m de profundidad.  Lo más notable de este punto de inmersión son las enormes mantas que acuden a esta estación de limpieza  y que trazan enormes círculos por encima de nuestras cabezas.  También son habituales les escuelas de martillos sobre el azul y, como no, el conspicuo  tiburón de puntas blancas. Una de los elementos más notables en ambos puntos de inmersión son los cantos de las ballenas jorobadas (Megaptera novaeangliae), que por decenas visitan estas islas durante esta época del año en su viaje desde las zonas de apareamiento y cría en el mar de Cortés, a las de alimentación en Alaska y el mar de Beafort. No conseguimos avistar ninguna ballena  bajo el agua pero quedamos igualmente impresionados por la intensidad y modulación de ese lenguaje de los cetáceos.

En la noche del 26 de febrero, y tras dos días en San Benedicto, levamos el ancla y nos vamos hacia Roca Partida, distante unas 7 horas del lugar en que estamos. Este año, y debido por lo que parece a unas maniobras militares del ejército mexicano, no pasaremos por la isla de Socorro, la mayor del archipiélago. La travesía hasta ese islote se hace por la noche, por lo que a primera hora de la mañana podemos estar preparados para bucear. Después de la primera inmersión se recibe en el puente del barco la noticia del Terremoto que ha sacudido Chile y del desencadenado y del tsunami  que ha producido y   que ha afectado de manera grave a las costas de ese país y de otros colindantes.  Por precaución  nos retiramos a aguas más profundas  dónde una posible   ola gigante no afectaría ni al barco ni a su ocupantes. Sin embargo la ola no llega a producirse y somos informados por la radio que la alerta ha pasado sin que las costas del Pacífico  mexicano  se hayan visto afectadas.  Por lo tarde, y una vez pasada la alerta, se reanudan las inmersiones. Roca Partida es un islote de forma muy característica con una roca en forma de cuernos (o de señal de la victoria hecha con los dedos ) en uno de sus extremos. Tiene apenas 80 metros de largo, 30 de ancho  y otros 35 de altura. Se trata de un escarpe de lo que debió ser el borde de la caldera de un volcán ya desaparecido hace  ya miles de años.  Sus irregulares y escarpadas paredes están ocupadas  por una pequeña pero ruidosa colonia de aves marinas y cuyos excrementos han vuelto casi completamente blanca a la  negra roca volcánica de la que esta formado este islote. Dentro del agua sus paredes se precipitan verticalmente hasta los 60 – 70 m de profundidad, en que se encuentra una  plataforma antes de que la roca firme se vuelva a sumergir  en profundidades insondables. Aquí se pueden encontrar enormes cardúmenes de carángidos, túnidos,… y próximos a ellos tiburones de puntas blancas , martillos, galapagueños,  sedosos, delfines, mantas, meros enormes, enormes atunes de aleta amarilla, extraordinarias concentraciones de morenas ……. Se trata de un lugar lleno de vida dónde lo verdaderamente difícil es no encontrarte en la misma inmersión con al menos siete u ocho de las especies mencionadas anteriormente. Sin embargo  Roca Partida no se ha mostrado esta vez tan generosa como en el anterior viaje de 2008, y aunque hemos visto de casi todo, han faltado las escuelas de decenas de individuos de martillos o sedosos.    

       

Como todas las tardes, una vez que  las inmersiones concluyen y se deroga deroga  la ley seca que impera  durante el día para los que van a bucear,  se forma la informal tertulia en la que se habla de los “trofeos” vistos o fotografiados durante el día mientras se hace una degustación de viandas y vinos llegados desde todos los rincones del país.  Siguiendo las sabias indicaciones de Quim, cada uno ha traído un par de botellas de vino (o similar) y alguna cosilla para picar de aperitivo mientras se espera a la cena.    Este “feeding” humano (bautizado así por  Laura), se  convirtió así desde el primer día en la actividad social más importante del día.  Desde luego que la cantidad y la calidad de los diferentes vinos  y embutidos  no hubiera desmerecido en la carta de muchos buenos restaurantes, pero si hubiera que dar el premio a la mejor aportación gastronómica, esta se la llevaría el queso de Arico (Tenerife) que llevó Julián. Extraordinario    

     

                            Un poco decepcionados por Roca Partida la asamblea soberana de buceadores decide que nos vayamos a Clarión,  terra incognita  que dista unas  150 millas náuticas de donde nos encontramos. Tras las 15 horas travesía,  la mayor parte del cual la hemos hecho durante la noche, llegamos a una ensenada al sur de la isla donde militares del minúsculo destacamento del ejército establecido en la isla abordarán el barco y revisarán la documentación del barco y sus ocupantes. Tras estos formulismos nos vamos a la zona norte de la isla a bucear en un punto que dista a una milla de la costa. La inmersión se hace en un pináculo que baja desde los 6 hasta los 25 m. Aunque la suerte es dispar, se ha visto una escuela de  Silkies,  puntas blancas, y Antonio y Quim han visto incluso una ballena. Sin embargo hay mucho mar de fondo, lo que dificulta las inmersiones y produce turbidez en el agua lo que se convierte en una pesadilla para  todos.

Al día siguiente (1 de marzo) el plan inicial es bucear en la zona norte. Sin embargo en la primera inmersión constatamos  que el mar de fondo hace las condiciones de buceo muy difíciles, por lo que nos trasladamos para las siguientes inmersiones a sotavento. Aquí, las condiciones mejoran pero en esta parte se encuentra mucha menos vida, que obviamente, se concentra en la otra parte de la isla donde rompientes y corrientes traen alimento a la fauna marina. Sin embargo tanto en una inmersión como en una sesión de snorkeling, algunas de los integrantes del grupo logran ver (y fotografiar) a una ballena y su cría desde apenas tres o 4 metros. No hay previsiones de que el tiempo mejore por lo que las inmersiones del día siguiente habría que seguir haciéndolas en esta zona de la isla pobre en fauna marina.  

  

Ante esto decidimos volver a Roca Partida con un regusto agridulce de nuestro paso por Clarión. Por un lado, y por tratarse de la isla más lejana, esperábamos encontrar más vida, pero el desconocimiento de la isla y las condiciones de la mar no nos han permitido ver lo que parecía prometer un lugar tan remoto. No obstante los avistamientos de las ballenas han deparado  alguno de los mejores momentos y de las imágenes más espectaculares del viaje.

        

De nuevo en Roca Partida nos encontramos con el barco Solmar V dónde hay también otro grupo de españoles. Aunque la mar está algo picada, la fuerza de las olas no te afecta si no te aproximas demasiado a las paredes.  En la primera inmersión parece que este islote quiere compensarnos de la relativa decepción de hace un par de días, y así se han ido sucediendo los martillos, puntas blancas, sedosos, galapagueños, puntas plateadas, un león marino y, como fin de fiesta mientras hacíamos la parada de seguridad, dos ballenas jorobadas de las que apenas hemos visto sus siluetas sumergirse en el abismo. Inolvidable!!!

Aunque la orografía de este islote de paredes verticales pudiera hacer pensar que las inmersiones aquí son siempre muy parecidas, lo cierto es que cada una es diferente a la anterior. Las mareas, las corrientes, el oleaje, la propia vida submarina …  configuran  el entorno de este extraordinario punto. Nunca sabes ni lo que te va a deparar ni como puede terminar la inmersión,  si cerca de la roca o en el azul,  si habrás visto una escuela de martillos,  o apenas haber visto algún  puntas blancas errante o por el contrario te encontrarás de repente en mitad del azul rodeado de los siempre vivaces y curiosos.  Pero raramente defrauda.

El espectáculo de vida continúa sobre la superficie, donde las columnas de agua producidas por la respiración de las ballenas denotan su presencia. Algunas llegan a acercarse a unas decenas de metros del barco, en ocasiones ignorando nuestra presencia y en otras pareciendo querer atraer nuestra atención por medio de saltos, coletazos contra el agua, juegos en que nos muestras sus aletas pectorales …..    

 

Tras dos días aquí, abandonamos Roca Partida cuando la noche comienza a caer y la silueta característica de este pedazo de roca  apenas se distingue sobre los últimos rayos de luz del poniente. En la mirada de los que estamos en cubierta observando callados la roca  percibo satisfacción e inquietud a la vez. El buceo aquí no ha defraudado a nadie, pero para los que ya habíamos estado en este lugar hemos notado un descenso significativo de la vida, sobre todo de los grandes pelágicos. Quisiéramos creer que es debido a la estación en la que estamos, pero es más que probable que la causa sea la pesca ilegal, como hemos podido comprobar en los anzuelos y líneas de  palangre que a modo de “piercing” adornaban a un galapagueño y a un sedoso.

El 4 de Marzo, tras las 6-7 horas de travesía llegamos de nuevo a la ensenada  donde se encuentra El Cañon en la isla d San Benedicto. El agua está ahora algo más turbia que hace unos días, no obstante se consigue ver una escuela de martillos y mantas. Lo que no aparece es el tiburón tigre que alguna de las personas del otro barco consiguieron ver en este punto hace dos o tres días.

El día siguiente las inmersiones se harán en un lugar llamado Punta Norte y en el Boiler. Como no, la gran atracción de este punto son las enormes mantas, que por su puesto no faltan a la cita y brindan algunas de las mejores poses para los fotosub. Igual que ocurriera en muchas de las inmersiones precedentes, las voces de las ballenas componen la banda sonora de la película que se sucede ante nuestros ojos. Esperamos que la  silueta oscura y blanca aparezca en cualquier momento. Siento las vibraciones que sus cánticos producen en mi cuerpo. Uno siente deseos de lanzarse al azul en su búsqueda. Sabemos que están ahí; cerca; escondidas tras ese inmenso azul del agua. Pero no conseguimos verlas. Una lástima. Hubiese sido un fantástico fin de fiesta.   

                                                                                       

    

 Tras las inmersiones de este día, levamos anclas y emprendemos nuestro viaje de regreso a Cabo San Lucas, donde llegaremos al día siguiente en mitad de un aguacero que ha convertido las calles de la población en temporales arroyos.              

 Textos y algunas fotos de Juanjo García , mas fotos de Juan , Francis ( varisto) y mias .

 

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